CPU-e, Revista de Investigación Educativa

Revista de Investigación Educativa 13
julio-diciembre, 2011

ISSN 1870-5308, Xalapa, Ver.
Instituto de Investigaciones en Educación, Universidad Veracruzana

     
   
Educación para adultos en América Latina: programa de alfabetización “Yo, sí puedo”
   
 

Vanina Belén Canavire

Candidata a Especialista en Investigación de la comunicación
Centro de Estudios Avanzados-Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Recibido: 7 de septiembre de 2010
Aceptado: 24 de octubre de 2010

 

Introducción

Las palabras ya no suenan igual, amaneció en ellas un tiempo nuevo.
Han nacido aquí nuevos hombres y mujeres en rostros que talló el tiempo.
Recuperaron la palabra y con ella la voz, la vida y el deseo.
La libertad se quedó entre sus dedos.
Antes leían por los ojos de otros, ahora leen sus inventados cuentos.
Escribiendo sus sueños en las ventanillas del tren de regreso.

Palabras de Cristina Ibalo, participante del programa de alfabetización “Yo, sí puedo”,
leídas en el Primer Encuentro Nacional de facilitadores y alumnos en Argentina, 12 de febrero de 2003.

Este artículo pretende explorar una alternativa educativa destinada a la enseñanza de lecto-escritura en adultos: el programa de origen cubano “Yo, sí puedo”. Con dicho propósito, comenzaremos brindando una reseña histórica acerca de la evolución de las concepciones de la “Educación de adultos en América Latina”. Luego, señalaremos algunas premisas teóricas que abordan el “analfabetismo en adultos” y que obtuvieron notable aceptación en el campo académico. Más adelante, analizaremos esta nueva metodología de alfabetización a la luz de las concepciones teóricas aludidas. Por último, indagaremos sobre su puesta en práctica en dos países latinoamericanos: Argentina y Bolivia.

Educación para adultos: una reseña histórica

En los años cuarenta, debido a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la necesidad económica de los Estados Unidos hizo que diversas agencias norteamericanas brindaran apoyo a los programas educativos en los países latinoamericanos. Paralelamente se realizaron diferentes campañas de alfabetización en países como Ecuador, República Dominicana, México, Honduras, Guatemala y Perú. Estas campañas recibieron su inspiración de una concepción optimista de la educación como “el factor que provoca el cambio social”. A pesar de que éstas formaban parte de una importante lucha frente a las condiciones de pobreza, su aplicación resultó un completo fracaso (Schmelkes, 1979; La Belle, 1980).

A fines de los cuarenta, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ([UNESCO], 1955) puso en circulación el concepto de “educación fundamental”. Era “fundamental” en el sentido de que proporcionaba el mínimo de conocimientos teóricos y prácticos, una condición esencial para conseguir un nivel de vida adecuado. Constituía el requisito previo de una verdadera eficacia en el trabajo llevado a cabo desde el punto de vista sanitario, agrícola y demás servicios relacionados con una preparación práctica. Utilizaba métodos activos, centrando el interés sobre problemas que se planteaban en la realidad del ambiente, y de esto modo, tendía a desarrollar tanto la vida individual como social.

Durante la segunda mitad de los sesenta, la UNESCO promovió la “alfabetización y educación funcional” (UNESCO, 1973). La educación funcional de adultos era aquella que, fundándose en los vínculos entre el hombre y el trabajo, integraba los intereses del individuo y el desarrollo general de la comunidad. Asimismo, la educación funcional permitía que el hombre se realice en el marco de una sociedad cuya estructura y relaciones de superestructura facilitaban el pleno desarrollo de la personalidad humana, contribuyendo así a formar un hombre creador de bienes materiales y espirituales.

En la década de los setenta apareció un nuevo modelo educativo: “el desarrollo de la comunidad”. Estos programas tendían a integrarse en estrategias globales de desarrollo social y económico. Esta modalidad se difundió en un contexto caracterizado por la crisis del “modelo de desarrollo” basado en la industrialización y la acelerada urbanización, la penetración constante del capital trasnacional y el surgimiento de movimientos guerrilleros en algunos países de América Latina (Lowe, 1975).

Finalmente, durante la década de los ochenta, adquirió relevancia el concepto de “educación popular” que se erigió en contra de la dependencia, las fuentes de dominación y la explotación. Esta concepción se proponía robustecer un proceso de liberación de los explotados y oprimidos. La educación popular constituyó uno de los medios que aportaban a la construcción de una alternativa cultural y política de las clases dominadas.

Propuestas teóricas

La investigadora Sylvia Schmelkes (1994) ha indagado sobre algunas cuestiones relevantes para la educación de adultos en América Latina. En primer lugar, la educación no se puede separar de la realidad de pobreza de la región; es así que el analfabetismo y la falta de escolaridad de los adultos constituye un problema de tipo estructural. Entonces, se hace necesario que la actividad educativa con adultos tome en cuenta sus condiciones de vida y se ligue de manera estrecha a sus necesidades vitales. Así también, una condición para la superación de la pobreza y la transformación de las relaciones asimétricas entre los distintos grupos sociales, es la democracia. Este concepto supone la consolidación de un mayor poder de negociación de las clases populares y con ello su participación. De este modo, la educación para adultos juega un papel clave, tanto para promover la difusión de innovaciones como para estimular la participación.

Desde el campo de la educación, reconocidos investigadores han señalado diversas propuestas acerca de cómo emprender la tarea de enseñar a adultos analfabetos o con escasa escolaridad.

La Educación Básica de Adultos tendría que partir de las actividades y necesidades de los mismos, teniendo en cuenta las características específicas de cada grupo. Asimismo, el aprecio por la educación necesita estar ligado a la convicción de que el aprendizaje es útil para mejorar su vida y la de sus familias. Además, es importante que sea no formal y flexible, es decir, que pueda abstenerse de los planes únicos, de reglamentos uniformes y de evaluaciones sistemáticas (García-Huidobro, 1986; Costa, 1977).

Es necesario reconocer que el adulto posee determinada experiencia −individual y colectiva− que puede recuperarse como fuente de aprendizaje. Junto con ello, entender que el aprendizaje efectivo se da a través del descubrimiento y de la investigación-acción en torno a la resolución de problemáticas para el sujeto o grupo (Schugurensky, 1987).

Es pertinente que la educación destinada a los adultos sea de primera calidad. Desde esta perspectiva se requiere tomar en cuenta, al menos, la calidad distributiva, el respeto y el fortalecimiento cultural, el respeto a la condición de adulto y el compromiso con la eficiencia (Latapí, 1985).

El adulto carente de educación básica formal puede ser concebido también como un adulto desprovisto de una calidad de vida integral. Es esto lo que explica su falta de escolaridad, y no al contrario (Schmelkes, 1994).

Metodología “Yo, sí puedo”: etapas y materiales didácticos

El programa de alfabetización “Yo, sí puedo” fue creado por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (IPLAC) de Cuba en el año 2001. Esta metodología se practica en un total de 28 países, entre los que se encuentran Nicaragua, Argentina, Bolivia y Venezuela. Cuenta con el asesoramiento de aproximadamente 800 docentes cubanos de alto nivel, y actualmente, ha logrado alfabetizar a 3.5 millones de personas a escala mundial.

El “Yo, sí puedo” está dirigido exclusivamente a adultos. Consiste en una serie de 65 videocasetes que contienen cuatro clases cada uno, y una cartilla para cada participante. Este proyecto está elaborado para que en el transcurso de tres meses, cada estudiante pueda aprender a leer y escribir. Las actividades consisten en clases de una hora diaria, donde se ven videos, complementados con una cartilla que contiene prácticas de lecto-escritura, y otros recursos que apelan a la creatividad: escuchar música mientras se enseña, relacionar experiencias sensoriales, o reconocer letras con números. Las clases están guiadas por un “facilitador”, quien propicia el proceso de aprendizaje y constituye el vínculo entre la clase televisiva y el alfabetizando.

El soporte esencial de la enseñanza de la lecto-escritura es el medio audiovisual que se compagina con la cartilla. El método “Yo, sí puedo” va desde lo conocido (los números) hacia lo desconocido (las letras) y consta de tres etapas:

Adiestramiento: en esta etapa están comprendidas las diez primeras clases del método.

En principio, se estimula el desarrollo de la expresión oral y de habilidades psicomotoras. Además, se estudia la representación gráfica de los números del 0 al 30. Las clases restantes se destinan al estudio de las vocales.

Enseñanza de la lecto-escritura: esta etapa consta de 42 clases. En las primeras 23 se aprende una nueva letra cada día. En las 19 restantes se trata que el alfabetizando ubique un número que conoce con una letra que desconoce.

Consolidación: se le dedican 11 clases y 2 clases finales de redacción. El objetivo es resolver las dificultades de las grafías y lograr que el iletrado pueda organizar palabras con un sentido lógico.

En los encuentros presenciales, los participantes se clasifican en: iletrados puros (personas que nunca han asistido a la escuela), semi-iletrados (personas que reconocen las letras y saben escribir algunas palabras) e iletrados especiales (personas con necesidades educativas especiales debido a sus limitaciones físicas). Los primeros minutos del encuentro se utilizan para motivar a los participantes, y conocer las dificultades que puedan haber presentado en el aprendizaje o en su vida personal. Luego se desarrollan 30 minutos de clase televisiva, seguidos por un breve periodo de reflexión grupal. El facilitador del grupo no puede pasar a un nuevo ejercicio sin comprobar que sus alfabetizandos hayan comprendido las prácticas anteriores.

Las tele-clases de los videos deben observarse en su totalidad, sin intervalos. Aunque en casos de excepción es posible realizar cortes, a fin de intercambiar comentarios con los participantes, aclarar algún concepto o adecuar el ritmo de la ejercitación a los alfabetizandos.

Argentina y Bolivia: dos realidades diferentes

La economía de la República Argentina se beneficia de enormes recursos naturales, una población con alta tasa de alfabetizados, un sector orientado a la exportación agrícola y una base industrial diversificada. Sin embargo, su estructura económica ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de la historia. A principios del siglo XX, se mostraba como uno de los países con mejores perspectivas del mundo, pero las crisis que se sucedieron en el tiempo perjudicaron la economía nacional. En la actualidad, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos ([INDEC], 2001) el 33% de la población argentina se encuentra bajo el índice de pobreza.

En referencia al ámbito educativo, en 1993 se sancionó la “Ley Federal de Educación”, donde los aspectos centrales de la transformación del sistema educativo fueron: estructura y niveles de la enseñanza, transformación curricular y transformación institucional (Ministerio de Educación de la Nación Argentina). Esta ley, desde su sanción, fue objetada y resistida especialmente por el sector docente, debido a que su aplicación no fue equitativa en las distintas provincias del país, lo que desembocó en un anunciado fracaso.

Posteriormente, en el año 2004 el presidente Néstor Kirchner presentó el “Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica”. Este Plan logró alfabetizar a 175,130 personas, lo que disminuyó la tasa de analfabetismo nacional de 2.8 a 2.1%. Para ello se necesitaron diez mil alfabetizadores en quince provincias, y se desarrolló en dos instancias: una de alfabetización inicial de cinco meses y otra de articulación posterior con el sistema de educación de jóvenes y adultos.

Hace casi dos siglos, Bolivia nació al contexto internacional de repúblicas independientes sudamericanas, aunque con el paso del tiempo, sus condiciones de atraso e indigencia social se fueron agravando, convirtiéndola así en una de las naciones más pobres del continente.

La economía del país andino depende en gran medida de la explotación de sus recursos naturales no renovables, y la mayoría de la población se dedica a actividades agrícolas y forestales. De acuerdo con el último Censo Nacional de Bolivia realizado en el año 2001, se contabilizaron como pobres a 4.7 millones de personas, lo que equivale al 55% de la población total (Instituto Nacional de Estadística de Bolivia [INE]). Además, según el informe 2001 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en Bolivia los hogares con mayores recursos económicos reciben ingresos casi cincuenta veces superiores a aquellos hogares de escasos recursos.

En relación con la cuestión educativa, en 1994 se promulgó la “Ley de Reforma Educativa” con el fin de impulsar una transformación integral del Sistema Educativo Nacional. Se propuso mejorar la calidad y eficiencia de la educación a través de un sistema educativo intercultural-bilingüe y participativo, que garantice el acceso de “todos” los habitantes a la educación. Los resultados del proceso de Reforma Educativa fueron los siguientes: el tema educativo adquirió gran relevancia en la agenda pública; se produjo la adaptación de la educación a las necesidades nacionales (interculturalidad, bilingüismo y participación social); la transformación educativa se convirtió en política pública y la reforma mantuvo su continuidad en distintos periodos de gobierno.

El actual presidente boliviano, Evo Morales, enarboló a la educación como uno de los estandartes de su gestión de gobierno. Es así que implementó una campaña de alfabetización masiva a través del programa cubano “Yo, sí puedo”. Se trató de un ambicioso plan destinado a erradicar el analfabetismo que afectaba a más de un millón de habitantes.

Tabla 1. Diferencias económicas y educativas entre Argentina y Bolivia (a finales del s. XX y principios del s. XXI)

País

Argentina

Bolivia

Índice de pobreza
(Censo Nacional 2001)

33%

55%

Políticas educativas

1993. Ley Federal de Educación

1994. Ley de Reforma Educativa

2004. Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica

2006. Programa Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo”

El programa “Yo, sí puedo” en América Latina

Más de 500 años de colonia en Latinoamérica han dejado un legado de retraso social difícilmente medible en cantidad y cualidad. En este escenario, los países de América del Sur y el Caribe manifiestan un exponente en común: alta tasa de analfabetismo.

De acuerdo con la UNESCO (2006), una nación es libre de analfabetismo cuando un 96% de la población mayor de 15 años sabe leer y escribir. Como norma se tolera que un 3.9% de la población sea analfabeta por diversas circunstancias, como incapacidades mentales, físicas y otras. Según el Anuario Estadístico 2008 de la CEPAL, los únicos países que se libran del analfabetismo son: Cuba, Venezuela, Costa Rica, Uruguay, Chile y Argentina.

El escenario educativo Argentino

Según el INDEC, la tasa de analfabetismo en la población adulta de la República Argentina es de 3.7%. Según el último censo realizado en 2001, la cifra de analfabetos funcionales o semianalfabetos −personas que no han completado su educación básica− asciende a 3,695,830 personas. Mientras que el número de analfabetos puros −quienes no tienen escolarización− es de 961,632 habitantes.

En este contexto nacional, integrantes de distintos movimientos sociales se organizaron institucionalmente en Un Mundo Mejor es Posible (UMMEP). En el año 2003, frente al desinterés expresado por el gobierno nacional sobre la cuestión educativa, la organización social UMMEP comenzó a implementar a nivel nacional el método de alfabetización “Yo, sí puedo”. El pueblo cubano a través del IPLAC realizó la donación del material necesario para poner en marcha este programa. Los integrantes de UMMEP fueron eficientes multiplicadores de este plan que alcanzó a ONG, instituciones docentes, movimientos barriales y organizaciones de desocupados.

En el territorio nacional se crearon 400 centros de alfabetización distribuidos en las provincias de Buenos Aires, Jujuy, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Río Negro, Neuquén, Córdoba y Mendoza. A estos encuentros de lecto-escritura concurrieron cerca de 3,000 personas que fueron guiadas por más de 700 facilitadores.

La experiencia de alfabetización más destacada de Argentina tuvo lugar en la provincia de Jujuy, específicamente en la localidad de Tilcara.[1] Allí, se contabilizaban alrededor de 900 analfabetos en 2003; dos años más tarde el número decreció a la mitad, y en la actualidad son muy pocos los tilcareños que aún no saben leer ni escribir. Así, Tilcara fue declarada libre de analfabetismo en enero de 2006.

Los alfabetizados en Argentina a través del programa “Yo, sí puedo” alcanzaron la cifra de 14.893, y los resultados más notables de esta experiencia de lecto-escritura fueron:

  • Adquisición de habilidades y destrezas en el manejo de las letras y los números.
  • Motivación de las personas hacia una superación permanente e incentivo a su capacidad crítica.
  • Mejores condiciones para acceder al trabajo.
  • Estímulo a la reinserción en el sistema educativo.
  • Impulso a la incorporación de la población iletrada a la vida social y económica del país.
  • Mejoramiento de la calidad de vida del adulto alfabetizado, y con ella la de su entorno familiar.
  • Estímulo a la dignidad personal de los ciudadanos.

Bolivia: en búsqueda de erradicar el analfabetismo

Después de casi 182 años de historia republicana, Bolivia cuenta por primera vez con un gobierno que adopta a la alfabetización como una prioridad de su política de desarrollo. El 30 de diciembre de 2005, el presidente electo de Bolivia, Evo Morales, firmó un acuerdo en La Habana (Cuba) con su par el presidente Fidel Castro. Este convenio de cooperación proponía erradicar el analfabetismo en el país andino, en un plazo de 30 meses a partir de julio de 2006. Cuba se comprometió a aportar la experiencia, el material didáctico y los medios técnicos para llevar a cabo el Programa Nacional de Alfabetización. Dicha iniciativa a gran escala tenía como meta “enseñar a leer y escribir a más de un millón de personas, en una población de 9.4 millones de habitantes” (Aliaga, 2006).

El 13 de abril de 2006, se estableció por primera vez en Bolivia un programa para la erradicación del analfabetismo, a través de la aplicación del método cubano “Yo, sí puedo”. El gobierno del presidente indígena lanzó esta campaña con el objeto de acabar con el analfabetismo hacia fines de 2008. El plan fue gradual, comenzó en español y siguió en lenguas nativas −aimara, quechua, guaraní y chiquitano− con profesores de esas etnias que viajaron a Cuba para entrenarse y preparar las “teleclases” en las lenguas originarias de la nación.

Debido a que se instalaron más de cinco mil centros de alfabetización en diversas localidades de este vasto territorio (La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, Tarija, Santa Cruz) y luego de 33 meses de trabajo, la tarea en Bolivia fue posible. El método de alfabetización alcanzó a unos 824,000 bolivianos –según el Ministerio de Educación (2010)– que aprendieron a leer y a escribir. A través del Programa Nacional “Yo, sí puedo”, fueron declaradas “libres de analfabetismo” 51 provincias de las 112 que integran el país andino.

Con esta campaña, Bolivia redujo a 3% la tasa de analfabetismo y se ubicó como la tercera nación latinoamericana con posibilidad de ser declarada “territorio libre de analfabetos”, siguiendo los pasos de Cuba y Venezuela, que lograron desterrar este mal social en 1961 y 2000 respectivamente. Finalmente, la declaración de Bolivia como país libre de iletrados tuvo lugar el 20 de diciembre de 2008.

Algunas reflexiones

Según la organización UMMEP, en América Latina el 12% de la población es analfabeta; se calcula que existen 42 millones de iletrados y 110 millones de semianalfabetos o analfabetos funcionales.

En estas condiciones de déficit educativo, el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” parece constituir una alternativa viable para tratar la problemática del analfabetismo en adultos. Este proyecto cumple con las premisas teóricas abordadas al principio de este artículo, donde se propone que la educación para adultos considere: sus experiencias, necesidades, actividades, y sea no formal, flexible y eficaz.

En principio, las clases de lecto-escritura del programa estudiado atienden a las necesidades básicas de los alumnos, y en contextos de escasos recursos brindan el material necesario para facilitar el aprendizaje. Así también, los facilitadores que guían las clases son voluntarios pertenecientes a ONG e instituciones barriales, interiorizados de las carencias socio-económicas de cada comunidad en particular.

Asimismo, el programa “Yo, sí puedo” es un proyecto liberador, de búsqueda y realización de una sociedad donde el hombre pueda ejercer sus potencialidades y ser sujeto de su historia. Su propósito es brindar a los adultos la posibilidad de expresar en un texto escrito sus ideas y valores, alentando así su participación en el desarrollo social.

Además, promueve el diálogo y la igualdad de expresión, sin obstáculos de clase, autoridad o grado de conocimiento. Para lograr esta tarea, el facilitador debe informarse acerca de las condiciones de vida y las posibilidades que tiene cada uno de los alfabetizandos, para una mejor comprensión de cada situación en particular. Con el propósito de que la enseñanza sea personalizada y eficaz, los grupos de alfabetizandos no superan los diez integrantes.

Esta metodología de enseñanza pretende que los participantes fijen los conocimientos de forma efectiva, sin presionarlos con evaluaciones sistemáticas, sino acompañándolos en el proceso de aprendizaje. De este modo, es “no formal” y se ajusta a reglamentos flexibles elaborados con base en las condiciones de posibilidad de los participantes.

Así también, en los encuentros presenciales se destina una fracción de la clase para dialogar en profundidad con los alumnos y conocer sus dificultades con relación al aprendizaje. Luego de cada clase televisiva, se realiza un intercambio de ideas entre todos los participantes. Esto demuestra que los facilitadores toman en cuenta la experiencia particular de cada alfabetizando y valoran sus saberes como fuente de aprendizaje. De esta forma, el trabajo interaccional permite la búsqueda de soluciones para las problemáticas del sujeto y el grupo.

Por último, las cartillas de lectura del programa cubano contienen información acerca de costumbres, música, historia y pueblos indígenas. De este modo, se promueve el fortalecimiento cultural y se respeta la tradición de las regiones implicadas.

En pocas palabras, este proyecto aspira a ser de primera calidad: incluye elementos que favorecen la eficiencia del aprendizaje y concibe la educación con base en la satisfacción de las necesidades fundamentales de los adultos.

Lo expuesto indica que el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” cumple con las exigencias académico-sociales requeridas por la educación para adultos. Sin embargo, su aplicación fue contradictoria en dos países de América Latina: Argentina y Bolivia.

Las condiciones económicas de un país influyen de manera decisiva en el desarrollo de todos sus sectores, en este caso, la “educación”. Argentina, a pesar de las distintas crisis que ha atravesado, aún goza de un contexto económico favorable basado en el sector agrícola-industrial. En cambio, en Bolivia los recursos naturales fueron históricamente saqueados por la oligarquía que negociaba con empresas extranjeras, lo que llevó a un prolongado estancamiento en la economía nacional, hasta la llegada de Evo Morales al poder. El actual presidente promovió como política gubernamental la “nacionalización de los recursos naturales”.

Estos distintos desarrollos económicos nacionales se reflejan tanto en los índices de pobreza como en la distribución de la riqueza. En Bolivia, más de la mitad de la población vive en condiciones de indigencia, y la brecha económica entre pobres y ricos es alarmante. Mientras que en Argentina, tanto el índice de pobreza como la distribución de la riqueza no revisten tal gravedad. Las circunstancias disímiles de estos dos países también se ven reflejadas en el índice de analfabetismo: el número de analfabetos en la población boliviana es muy alto; inversamente, en Argentina se registra una baja tasa de analfabetismo.

Así también, las políticas educativas llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos, son un componente esencial que define la situación de cada país. En este sentido, ambos países realizaron importantes reformas educativas, pero los objetivos propuestos y los efectos alcanzados no fueron los mismos. En el caso argentino, la “Ley Federal de Educación” recibió numerosas críticas, lo que derivó en resultados negativos. De forma contraria, en Bolivia la, “Ley de Reforma Educativa” incorporó la cuestión intercultural −imprescindible en un país compuesto por más de cuarenta etnias− y produjo significativos avances en la calidad y eficiencia de la educación.

Años más tarde, en Argentina se lanzó el “Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica”, cuyos insuficientes resultados dieron cuenta de que la cuestión educacional suele quedar relegada en la agenda política. Esta inacción en materia educativa puede explicar la falta de apoyo por parte del gobierno nacional a la implementación del programa “Yo, sí puedo”. Este desinterés político condujo a que la organización UMMEP, junto con otras ONG, decidiera llevar a cabo el programa cubano y difundirlo a nivel nacional.

De forma contraria, en Bolivia la gestión de Evo Morales adoptó como estandarte el mejoramiento de la calidad educativa. De este modo, alentó la implementación del Programa Nacional de Alfabetización “Yo, sí puedo” brindando los recursos necesarios para su eficaz desarrollo. Esta iniciativa estuvo guiada por un propósito fundamental: otorgar herramientas a los iletrados para mejorar su condición de vida. Asimismo, este plan representaba una vía idónea a fin de reducir la enorme brecha económica que separaba a pobres y ricos. En el plazo de tres años, los resultados fueron elocuentes: Bolivia se convirtió en “territorio libre de analfabetos”.

A modo de conclusión

La alfabetización de un pueblo, tanto como el hecho educativo mismo, es un acontecimiento político cuyo éxito depende de la participación masiva y unánime de todas las organizaciones y sectores de la población. Este proceso de enseñanza facilita las condiciones de la participación social, mejora la calidad de vida de las personas e incrementa sus capacidades para insertarse en el mercado laboral.

En la actualidad, ser alfabeto trasciende ampliamente la adquisición de instrumentos básicos de lectura y escritura; implica también la apropiación de una compleja red de conocimientos que permitan analizar críticamente la realidad social. En este sentido, consideramos que el programa “Yo, sí puedo” conlleva una misión principal: promueve la formación de una opinión crítica en aquellos que están ingresando al “mundo de la palabra escrita”.

Además, en esta propuesta de alfabetización se destaca la vinculación de la educación básica con la posibilidad de mejoramiento de las condiciones de vida de los alfabetizandos. Asimismo, se trata de un modelo flexible que ofrece diversas ventajas. Por un lado, respeta al adulto en tanto tal, su cultura, sus conocimientos y valores. Por otro, junto al alfabetizando, intenta definir los requerimientos educativos del proceso de transformación deseado.

Lo expuesto indica que el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” cumple con las premisas teóricas exigidas desde el campo académico, por lo que se torna una propuesta viable en el ámbito de la educación para adultos. Sin embargo, la falta de decisión política por parte de los gobiernos nacionales, ha generado que no pueda ser aprovechado en su totalidad. Este es el caso de Argentina, donde frente al desinterés político, una organización social emprendió la tarea de implementar este programa que logró alfabetizar sólo a 14,000 personas. De forma contraria, la voluntad política expresada por el presidente Boliviano permitió erradicar una de las peores formas de exclusión: el analfabetismo. Así, en el país andino más de 800,000 habitantes aprendieron a leer y escribir a través del método de enseñanza cubano, y en el año 2009 se lanzó la segunda parte del programa, que esta vez llevará por nombre “Yo, sí puedo seguir”.

El plan de alfabetización analizado constituye una alternativa frente a los programas educativos formales, que muchas veces no logran obtener respuestas efectivas. Sin embargo, en Argentina la falta de interés político hacia esta nueva opción educativa, expresa el abandono de la protección del capital más preciado: el humano.

La situación fue distinta en Bolivia; allí el presidente Evo Morales, con la intención de liberar a la gente mediante el conocimiento, estableció como metas de su gobierno: ayudar a combatir la exclusión de los indígenas –que representan un 85% de la población− mediante la alfabetización, y la revalorización de las lenguas nativas. El programa cubano facilitó el cumplimiento de los objetivos propuestos.

El analfabetismo es un fenómeno particular, solucionable, pero que deja heridas profundas en las personas. Este problema no es sólo de los iletrados sino de toda la sociedad que no debería permanecer impasible ante esta expresión de injusticia, ya que no se trata de una cuestión de déficit individual, sino de exclusión social y represión.

Lista de referencias

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[1]. Ubicada a 85 kilómetros de San Salvador de Jujuy, Tilcara es la capital del departamento del mismo nombre y tiene 5.640 habitantes. Se localiza en la Quebrada de Humahuaca, a 2.461 m. de altura sobre el nivel del mar. Fue declarada “ciudad indígena” por el municipio (Gobierno de la Provincia de Jujuy, 1992).



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