Reforma educativa, experiencia e incongruencias

Resumen

Ni la Secretaria de Educación Pública ni la dirigente sindical del SNTE tienen derecho a embarcar al país en una costosísima Reforma Integral de la Educación Básica (que ya está en marcha aunque poca información pública se dé) sin tomar en cuenta la experiencia acumulada por la propia SEP, por los maestros que sí trabajan y están preocupados por cumplir lo mejor posible con su labor, por los centros de investigación educativa, por las costosas (y a veces reiterativas) evaluaciones que han sido emprendidas (como las de PISA, EXCALE y ENLACE) precisamente con el objeto de saber en qué se está fallando y cuáles son las grandes “variables” que afectan la calidad educativa. Ninguno de esos elementos señala que nuestro problema educativo fundamental radique en el currículum formal, es decir, en los planes y programas y materiales didácticos (concediendo, claro, que es necesario atender aspectos que la reforma sí plantea).

Hoy sabemos que los problemas están en otros componentes del sistema educativo. Por supuesto que resulta más fácil para la SEP, en términos prácticos y políticos, plantear una reforma curricular desde sus oficinas, controlando a un pequeño grupo de “expertos” que difundan en cascada y al vapor un discurso de reforma en los estados, que atender los verdaderos problemas de la educación nacional, según han sido constatados por innumerables investigaciones y evaluaciones realizadas a lo largo y ancho del país:

Tiempos cortos de asistencia a la escuela (3 horas diarias en preescolar, 4 1/2 en primaria y 6 en secundaria, en el mejor de los casos).
Falta de personal de apoyo en las escuelas (bibliotecarios, psicólogos, pedagogos, etc.) que sean co-responsables de su transformación permanente. En México no sobran profesionistas; faltan instituciones receptoras, proyectos verdaderamente orientados a mejorar las condiciones generales de la educación básica EN LA TOTALIDAD DEL TERRITORIO NACIONAL.
Bajos salarios de maestros que deben buscar “la doble plaza” y que, a su vez, les impide contar con tiempo extra-clase (y pagados) para revisión de trabajos de alumnos, seguimientos individualizados, planeación; además, con aumentos regulados con criterios injustos (La Jornada, 6-6-2008, p. 49), pues sólo la SEP ignora que el aprendizaje de un alumno y su ritmo depende de manera importante del estado y de la localidad en donde viven él y su familia; estos entornos inmediatos permiten o impiden a los niños y a sus familias participar en prácticas sociales de literacidad y numerocidad extra-escolares que influyen de manera muy directa (si no decisiva) en las trayectorias escolares de los estudiantes. En otras palabras, no es exactamente lo mismo dar clases en una escuela pública en Coyoacán que en La Tinaja, Veracruz.
Precaria infraestructura material y humana en las escuelas (a pesar de Enciclomedia): preescolares comunitarios, primarias unitarias, bidocentes y tridocentes, telesecundarias y telebachilleratos (¡con y sin señal!) son la norma y no la excepción. Escuelas en las que, pongamos por caso, mientras un niño lee su resumen, elaborado durante la clase de español, otro grupo toma clases de deportes o simplemente “se echa una cáscara” en el patio de forma tal que, con dificultad, maestro y alumnos lo escuchan (por cierto, el “ruido” no es un aspecto considerado por la reciente evaluación de la infraestructura escolar del INEE).
Corrupción en la asignación de plazas a maestros y con relación a la administración de tiempos y procesos laborales (a través de los sindicatos y de funcionarios, hasta hoy), aunados a un enorme aumento de maestros comisionados a oficinas centrales o al mismo sindicato que cumplen, en muchos casos, funciones burocráticas irrelevantes para los niños y las familias en programas (relevantes o irrelevantes) que no tienen impacto ni siquiera en las capitales de los estados por falta de personal, viáticos, capacitación, etcétera (como es el caso del programa estatal de lectura de la SEV).
Falta de escuelas preescolares y secundarias que permitan cumplir con la obligatoriedad legal del Estado de dar 100% de cobertura en educación básicá.
Atender de manera decidida y eficiente los anteriores y muchos otros problemas prioritarios del sistema de educación básica en México es más importante que plantear una Reforma Integral (que quizá –¿quién sabe? – llegue a involucrar cambios –al vapor– de los libros de texto gratuitos) que, modificando papeles, deje intacta la realidad de la educación básica en México.

La carencia de recursos EN LAS ESCUELAS contrasta dramáticamente con la obesidad de las burocracias educativas centrales tanto a niveles federal como estatal, así como con la de las diferentes instituciones para-educativas: el INEE, el ILCE, los institutos de evaluación educativa en los estados, etc.

Resultaría importante también depurar y transformar los sistemas de evaluación de las escuelas y los niños y hacerlos congruentes con los planes, los programas y los enfoques actuales y, sobre todo, con las realidades de la escuela pública mexicana, pues existen profundas e irresolubles contradicciones.
https://doi.org/10.25009/cpue.v0i6.107